El mundo startup suele presentarse como un espacio donde las ideas valen más que todo lo demás. Un lugar donde la innovación, el talento y la ambición pueden cambiar industrias completas. Pero cuando se mira quién está liderando esas empresas, la historia no siempre es tan diversa como parece.
En Latinoamérica, por ejemplo, solo cerca del 14 % de los líderes ejecutivos en startups son mujeres. Y si se observa el financiamiento, la diferencia es aún más evidente: las startups fundadas exclusivamente por mujeres reciben menos del 3 % del capital de riesgo invertido en la región.
El talento está. Las ideas también. Entonces la pregunta inevitable aparece: ¿por qué siguen siendo tan pocas? Parte de la respuesta tiene que ver con algo que muchas veces pasa desapercibido: la visibilidad. Muchas fundadoras están construyendo productos, liderando equipos y desarrollando soluciones reales para el mercado. Pero no siempre logran entrar en el radar de inversionistas, medios o redes clave del ecosistema.
El financiamiento es otro reflejo de esta brecha. En la región, la mayor parte de las inversiones de venture capital sigue concentrándose en equipos masculinos. De hecho, solo cerca del 16 % de las rondas de inversión superiores a US$1 millón entre 2024 y el primer semestre de 2025 fueron para startups lideradas por mujeres, según datos de LAVCA. Incluso cuando hay mujeres entre los fundadores, los montos promedio de inversión suelen ser menores.
Hoy, menos del 20 % de los cargos senior dentro de los fondos de venture capital están ocupados por mujeres. Esto no significa que exista una exclusión intencional, pero sí que el ecosistema todavía se mueve dentro de redes y referencias que históricamente han sido bastante homogéneas.
El resultado es un círculo difícil de romper. Menos financiamiento significa menos crecimiento, menos expansión y menos historias visibles de éxito. Y cuando esos referentes escasean, también se vuelve más difícil imaginar nuevos liderazgos. Aun así, el panorama empieza a moverse. En distintos países de la región están surgiendo aceleradoras, comunidades y fondos que buscan impulsar el emprendimiento femenino, entendiendo que la diversidad no es solo una conversación pendiente, sino también una oportunidad para el ecosistema.
El desafío no es solo que haya más mujeres fundando startups. Es construir un entorno donde las oportunidades de crecer, levantar capital y liderar no dependan del género, sino del potencial del proyecto. Cuando eso pase, probablemente dejaremos de hablar de brechas y empezaremos a hablar de algo mucho más interesante; las startups que nacieron cuando el ecosistema decidió mirar talento donde antes casi no miraba.
Por: Lucas Saavedra/ Periodista





