Conmemoración del Día Internacional de la Tierra: ¿y si también creamos conciencia los otros 364 días?

Apagamos las luces que no usamos, cerramos el grifo mientras nos cepillamos los dientes, compartimos reflexiones y se publican post corporativos en miles de empresas. El Día Internacional de la Tierra, celebrada desde 1970, busca generar esa conciencia, sin embargo, durante el resto del año nos olvidamos del entorno donde vivimos, descuidando detalles que hoy nos tienen a contra reloj y con una preocupación mundial: cumplir con el tratado de París y frenar el aumento de la temperatura global entre 1,5° C a 2°C en comparación a la era preindustrial.

Durante el periodo de la Revolución Industrial, que se enmarca entre 1780 y 1840, se vivió el mayor proceso de transformaciones económicas, tecnológicas y sociales del mundo, generando los avances que hoy conocemos en diferentes ámbitos de la vida cotidiana. Lo que no sabíamos en ese momento, o bien, no considerábamos, es que mientras “evolucionamos” a una era más tecnológica, al mismo tiempo perdíamos los recursos de nuestro medio ambiente.  

Tanto empresas como personas, hemos consumido y arrojado a nuestro planeta miles de agentes contaminantes, muchos de ellos producidos por la humanidad, como explosiones nucleares, derrames de petróleo, talas de bosques nativos, usos de pesticidas, exceso de plástico, consumo de combustible fósil, contaminación lumínica como sonora, entre muchos otros.

Los bosques, considerados como los pulmones de nuestro planeta, han sufrido fuertes ataques de deforestación durante el 2020. Según datos de la Universidad de Maryland publicados en World Resources Institute, más 12,2 millones de hectáreas de cobertura arbórea en los trópicos se consumieron, de los cuales 4,2 millones fueron de bosques primarios que no habían sido intervenidos.

El plástico, por otra parte, es uno de los productos creados por el hombre más dañinos de las últimas décadas. El informe publicado en 2019 por la organización británica Verisk Maplecroft, nos alerta de una “creciente crisis” de la basura. Esto, debido a que a nivel mundial se producen 2.100 millones de toneladas de desechos anualmente.

Asimismo, la contaminación atmosférica es responsable de aproximadamente una de cada cinco muertes en el mundo según el estudio de la Universidad de Harvard y el University College Londres, publicada en la revista Environmental Research, concluyendo que más de ocho millones de personas mueren por la quema de combustibles fósiles. A esta cifra también se suman otros reportes, como el de European Heart Journal que estimó 8,8 millones de muertes y la Organización Mundial de la Salud (OMS), con una estimación que supera las siete millones de muertes. Actualmente, la quema de combustible fósil es considerada como un factor más mortal que el tabaco.

La situación en Chile no es muy diferente al resto del mundo, el último estudio del Ministerio de Medio Ambiente indicó que 3.494 personas murieron por enfermedades cardiopulmonares expuestas al material particulado fino (MP 2,5), cifra que fue altamente criticada debido a que no incluye otras consecuencias mortales relacionados a la contaminación atmosférica, considerando que en 2017 se estimó que 9 millones de personas respiraron aire crítico, superior a la norma internacional de 20 microgramos por metro cúbico.

Con los bosques tampoco nos quedamos atrás. Según datos publicados por la Fundación Forecos y un estudio en conjunto con la U. de La Frontera en Temuco y la U. Austral de Valdivia, las últimas dos décadas se han perdido, en promedio, 30.000 hectáreas de bosque nativo por año. Esto se suma al reciente estudio elaborado por Ocean y Plastic Oceans, donde Chile genera 23.324 toneladas de plástico de un solo uso por año.

La escasez hídrica es otro de los problemas que aquejan al país, entre noviembre del 2020 hasta la fecha, el Ministerio de Obras Públicas declaró a 104 comunas como zonas de escasez hídrica de 346 totales, representando a un 30,1% de las comunas a nivel nacional. Si bien, Chile es un país rico en agua si se compara con la disponibilidad per cápita con el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, las Naciones Unidas hizo un llamado mejorar los sistemas de información sobre el agua, mencionando como un “desafío pendiente” la crisis hídrica y señalando que los principales problemas de esta se deben a factores normativos, de gestión y climáticos.

Pese a que Chile es parte de tratados internacionales por el cuidado del medioambiente, según el Ingeniero en Recursos Naturales y Renovables de la Universidad de Chile, Rafael Sanhueza, “las normas ambientales en Chile son muy bajas, nuestra economía se cimenta, básicamente, en la explotación de recursos naturales: exportamos celulosa, cobre, materias primas, entonces nuestra legislación es muy permisiva para que las empresas puedan operar sin problemas en temas medioambientales. Admiramos a los países europeos por sus normas, pero las empresas más grandes en nuestro país son precisamente de ese continente”.

Todas las normativas se rigen bajo el alero de la Ley 19.300 y como ente responsable de la fiscalización el Ministerio de Medio Ambiente, pero ese es una de las más grandes piedras de topes. “En Chile es difícil cumplir las leyes, porque está todo sectorizado, supongamos que hay un problema con la minera, donde se produce más de lo que se debe producir, por ende, le corresponde a Sernageomin, si está dañando lo cursos de agua, le corresponde a SERNAPESCA, sí generó algún problema de tala le corresponde a CONAF, etc.”, agrega Sanhueza. Por esta razón, es necesario unificar en un solo organismo la responsabilidad del cuidado del medio ambiente.

¿Las empresas y/o pymes como factor de cambio contra el problema medioambiental?

El mundo de las empresas, ya sean grandes o pequeñas, deben cumplir con ciertos requerimientos legales en relación al medio ambiente. El profesional de la Universidad de Chile, puntualiza que estas cumplen con los requisitos mínimos para operar, no es culpa de ellas, pero sí del Estado de Chile, “las empresas podrían ser el mayor factor de cambio en beneficio al medio ambiente, si bien deben generar utilidades y no se les pide caridad medioambiental, existen cientos de certificaciones tanto del uso de energías, RSE, procesos sustentables, entre otros, las cuales son normas internacionales, más estrictas pero que abren nuevos canales de venta”.

Si bien el Estado de Chile es quién debería velar por cumplir sus compromisos, hoy es más factible que empresas integren procesos más sustentables con el medio ambiente, esto logrará mejorar la relación empresa/ambiente/ personas. “Todos y todas no solo deberían tratar de impactar su línea de negocio, sino también en el ecosistema donde están insertos, pensar en un beneficio global ya que si eso se beneficia nuestro negocio crece, porque está evolucionando” señala Francisco Leitao, Fundador de LOMI, plataforma que como pilar tiene la reducción de la huella de carbono mediante la comprar en productores locales.

El ser humano como individuo también debe ser un fiscalizador de estas medidas, la creación de procesos o artefactos más amigables tiene que ir de la mano con la concientización de su uso, no por usar hidrógeno verde o ampolletas led, voy a consumir lo mismo o el doble. El objetivo final es reducir el consumo. Actualmente, según la Organización Mundial de las Naciones Unidas (ONU), el planeta se encuentra en 1,2°C sobre el índice preindustrial, sin embargo, el objetivo es no superar el 1,5°C al 2025, debido a que superar ese umbral modificara gran parte del ecosistema actual.

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