¿Por qué el 8M no es un “Feliz Día”?

Es común escuchar “feliz día de la mujer”cada 8 de marzo. Muchas empresas deciden organizar desayunos, obsequios y diferentes maneras de felicitar a las mujeres por su existencia y por todo lo que entregan a su entorno. Si bien, está claro que sólo hay buenas intenciones tras esas acciones es importante comprender el foco real que tiene esta fecha y por qué no todas las mujeres reciben de buena forma ese tipo de saludos.

Son muchos los hitos que fueron armando la antesala que llevó a la ONU a definir el 8 de marzo como el “Día Internacional de la Mujer” en 1957. A finales del siglo XIX y principios del XX diversas protestas desembocaron en toda una revolución en busca de condiciones laborales justas, derecho al voto, entre tantas deudas sociales más con el género femenino.

 Sin embargo, este día también está manchado con sangre. El 8 de marzo de 1857 cientos de mujeres de una fábrica de textiles de Nueva York salieron a marchar en contra de los bajos salarios, que eran menos de la mitad de lo que recibían los hombres por la misma tarea. La jornada terminó con 120 mujeres muertas en manos de la policía.

 Es por todo lo anterior, y más, que el 8 M lejos de ser un día dulce y de celebración, es más bien una jornada de reflexión y conmemoración de la lucha que han dado las mujeres a lo largo de la historia por conseguir una sociedad justa y equitativa. Búsqueda que aún continúa.

¿Cómo pueden entonces empleadores ser partícipes de este día? Lo principal es tener claro que no es celebración, si no conmemoración. En cuanto a lo concreto son muchas las posibilidades que van desde jornadas reflexivas, dar el día libre o permitir salir más temprano en caso que sus trabajadoras quisieran ser parte de alguna forma de manifestación en su ciudad, o incluso ese mismo desayuno u obsequio planeado puede ir acompañado de un espacio profundo de conversación en pro de un mejor ambiente laboral para ellas.

Sin embargo, la pregunta realmente importante es ¿Qué rol tienen las empresas en la construcción de una sociedad desarrollada, justa y equitativa? Y la respuesta es: un papel fundamental. Es clave que empleadores se capaciten sobre perspectiva de género y comiencen a realizar un trabajo con medidas concretas a corto, mediano y largo plazo por un ambiente laboral libre de violencia y discriminación hacia las mujeres. 

Desigualdad en cifras

Las cifras son claras: Sólo el 29% de los cargos directivos a nivel global son ocupados por mujeres según el estudio Woman In Business 2020; en Chile la cifra es aún más baja con un 20% para los puestos de gerencia según cifras del ministerio de la Mujer. Números que contrastan con el análisis de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, que arrojó que 3 de cada 4 empresas que han promovido la presencia de mujeres en cargos directivos han registrado un aumento de sus beneficios del 5% al 20%. De hecho, un 54% de firmas indicó que se habían notado “mejoras en materia de creatividad, innovación y apertura” y un porcentaje similar destacó los efectos favorables para su reputación.

 Además, nuestro país ocupa el quinto lugar de los países con mayor desigualdad en cuanto a brecha salarial entre hombres y mujeres la que puede implicar una diferencia de 200 mil pesos por un mismo cargo, según cifras de ONU Mujeres.

¿Y por qué? Un estudio definió que a los 6 años las niñas ya se sienten menos capaces que los niños. Y es que existe una construcción social a través de creencias que son replicadas por medios de comunicación, por la publicidad, por películas, series, dibujos animados y por cada persona, que arman la base para la inequidad de género. Definiciones sociales que llevan, por ejemplo, a que las mujeres no se interesen en las ciencias o si lo hacen, que la inseguridad las lleve a desistir o renunciar a crecer en ello ya que no creen ser capaces. O bien, que quienes contraten opten por hombres por el mismo tipo de argumento.

Si hablamos de corresponsabilidad, según Comunidad Mujer el 88% de las mujeres que perdieron su trabajo producto de la pandemia no estaban buscando trabajo debido al cuidado de sus hijos, al mismo tiempo y de acuerdo a cifras del estudio “Radiografía al hombre 0”,  71% de los hombres dedicó 0 horas al acompañamiento de sus hijos e hijas en las tareas escolares, y un 57% destinó 0 horas al cuidado de niños y niñas.

La carga familiar, de cuidados y labores domésticas están puestas en las mujeres, por lo que una mujer en edad fértil es considerada un riesgo, así como una madre ya que posiblemente será quién deba cuidar a sus hijos en caso de enfermar. 

Si tuviéramos políticas públicas y condiciones laborales dentro de las empresas que propicien también la responsabilidad y derechos paternos ¿no sería acaso más equitativo? ¿Por qué solo se “beneficia” a las madres con permisos de cuidados para los niños y no también a los padres? Eso sin duda, permitiría que las responsabilidades sean compartidas y no sean las mujeres las únicas responsables y quienes ven afectada su seguridad laboral y su salud mental por ello.

 Medidas en esa dirección, así como protección ante el acoso laboral y sexual, capacitación a todos y todas las trabajadoras sobre perspectiva de género y conceptos como mansplaining, techo de cristal, bropiating, entre otros que tienen relación con prácticas que se dan en el ambiente de trabajo, son fundamentales para comenzar en conjunto a construir una sociedad libre de violencia hacia las mujeres en todas sus formas. Diez años retrocedió la participación laboral de las mujeres en Chile a raíz de la pandemia, que esto cambie es responsabilidad de todos. 

 

Antonella Ferma Reveco

Periodista de PRenseable

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